Hablando de este tan hablado Límite…

Muchas veces cuando hablamos de límites nos referimos siempre a las prohibiciones, a los NOES, a lo que no se puede hacer.
Aquí traigo una reflexión de los límites como algo que nos puede hacer sentir contenidos, reconocidos, como las fronteras entre nosotros y el mundo. Sin límites, nos desbordamos, nos sentimos desubicados, no sabemos exactamente qué se espera de nosotros. Si los adultos lo necesitamos, los niños que se están formando como personitas también lo necesitan, necesitan conocer sus posibilidades pero también la realidad del entorno.
Cuando van saliendo de la etapa más fusional con su mamá empiezan a descubrir su entorno, su mirada se amplia, la realidad se amplia, las otras personas empiezan a existir con más fuerza y la necesidad de interacción es brutal. Aquí es cuando entran en contacto con sus limitaciones personales y las limitaciones del entorno. Se dan cuenta que ni todo aquello que desean según su etapa de egocentrismo se puede realizar inmediatamente. Se frustran lógicamente.
Pero qué pasa con nosotros cuando entramos en contacto con esta frustración? Qué se nos despierta? A veces caemos en intentar evitar las frustraciones, estirando al máximo y a veces llegando a ultrapasar nuestros límites personales, entonces podemos caer en anularnos para satisfacer algo del momento del niño que no está dentro de nuestras posibilidades. Tenemos miedo que no se sientan queridos?
Cuando nos posicionamos, cuando estamos, ellos nos pueden ver, y podemos ser una gran referencia, ayudándoles a sentir y afrontar la realidad a la que están viviendo al encontrarse con la realidad, con lo que hay, con lo que se van encontrando.
Hay una gran diferencia entre ser rígidos y ser firmes. Cuando soy firme estoy donde puedo estar, y le devuelvo esta realidad con sentido. Cuando soy rígida no hay sentido, hago por hacer. Otra cosa es la estructura que les vamos proporcionando a lo largo de su desarrollo.
Cuando salen de la relación fusional con su madre y empiezan a ampliar su consciencia hacia las otras dinámicas, toda su impulsividad todo aquello que creen que puede existir se va ajustando con la realidad. Y se van dando cuenta que viven en un espacio estructurado, donde las cosas funcionan con cierto sentido, para ellos y para los que le rodean.
Su ritmo empieza a ajustarse, las rutinas cotidianas que van acompañando su ritmo biológico van devolviéndole esta seguridad, sabe qué se puede esperar, hay como una especie de guion del día, de sus actividades, aunque no sean con horarios, pero con algo que se repite. Los rituales nos ayudan a enmarcar esta contención, cada familia encontrará su manera, su ritmo, su forma, y desde la observación pueden ir encontrando lo que facilita y lo que no para crear esta estructura diaria.
Cuando nos referimos a la crianza natural, respetuosa y en nuestro caso hablamos de la crianza ecológica (desde la escuela de terapia reichiana), hablamos de libertad, de respeto, de espontaneidad, de potenciar sus capacidades. Hablamos en fomentar el respeto por sí mismo y por los demás, y eso tiene que ver con facilitarles esta mirada, facilitarles la posibilidad de ver y sentir qué sucede en la relación con su entorno y con los demás. Y esto se da poco a poco en un proceso progresivo, paulatino, despacito. Nosotros les facilitamos esta mirada y esta toma de contacto. Cuando son muy pequeños no tienen esta consciencia, pero con nuestra contención y referencia les devolvemos esta posibilidad para que sigan siendo espontáneos y libres y no preocupados y angustiados buscando este tipo de seguridad necesaria.
Tenemos mucho miedo a caer en el autoritarismo, en la rigidez. No queremos repetir el modelo educativo de antes. Pero hay el peligro que seamos reactivos a esto sin escuchar las necesidades reales de los niños. Y que necesitan los niños? Básicamente amor, seguridad y reconocimiento para poder sentirse libres y conocer sus capacidades. Seguridad que alguien me contiene, no alguien que lo haga por mí (sin anular sus capacidades), sino que me facilite sentir este espacio en seguridad.
Antes de tener la seguridad interna, evolutivamente necesitan la seguridad del entorno. Un entorno que le devuelva sus posibilidades y de esta manera su hacer se va haciendo autónomo. Esta seguridad está en reconocer las referencias, aprenden con nosotros, con nuestra actitud, no tanto de lo que decimos, sino de lo que hacemos. Seguridad cuando saben que estamos seguros en lo que hacemos.
Sienten seguridad cuando sabemos y nos responsabilizamos de cosas que todavía no están preparados para saber. Que seguridad saber que “mis papás saben las cosas”. Me gusta mucho el ejemplo de estar en un avión y el piloto preguntar que hacer en un determinado momento. Entraría en pánico seguramente…
Nos gusta preguntar porque de esta manera les incluimos en la decisión, pero las preguntas también pueden generar inseguridad, segun el momento y la forma que lo hacemos. Si lo hacemos por miedo a imponer.
Por último, podemos recordar qué significa la palabra autoridad: significa alguien que es, que se reconoce por lo que es, y esto no se impone, se conquista desde este vinculo tan poderoso que es la relación entre m.padres e hijo.as.
Nuestros hijos e hijas nos necesitan como p.madres y no como amigos, nos necesitan para tener la referencia y crear su fuerza interna para lidiar con lo que va encontrando a lo largo de la vida.

Necesitan estos cauces, saber que estamos allí. No para anularles, sino para reforzarles en su propia existencia.

Juliana Vieira Martinez

La escucha, un acto de humildad y apertura

La tarea de ser padres y madres nos lleva a algunas preocupaciones muy comprensibles en lo que se refiere a la educación de los hijos. Es un gran compromiso y una gran responsabilidad, desde luego acompañarlos en su crecimiento.

Lo que pasa es que en esta tarea, nos distraemos con algunas preocupaciones que no nos ayudan del todo a focar en lo que realmente importa para nuestros pequeños, que es el simple hecho de sentir que hay momentos de atención, presencia, disponibilidad, compreensión.

Tienen tanto que decirnos… Pero no nos dicen en nuestro lenguaje adulto, nos dicen con su cuerpo, con su voz, con su risa, con su llanto, con sus demandas, con su juego, con la manera de mirar, de cogernos, son infinitas formas de comunicar.

La carga de las preocupaciones pasan a ser una barrera a toda esta comunicación, a toda esta información que puede llegar a entrar en la comprensión.

La preocupación nos hace estar dónde no estamos en este momento de ahora, nos lleva a otro tiempo, a un tiempo que no llegó todavía. No nos ayudar a ver lo que realmente es.

Si me preocupo porque ahora sufre, qué me dice su sufrimiento, cómo repercute en mí, qué me hace sentir como la persona que le acompaña. Que necesita a partir de aquí. Juntos desde el sentir y la conexión podemos hacer algo /con este sufrimiento. Y hacer “algo” no quiere decir “algo” en concreto, hacer algo puede ser ubicarlo, darle un lugar, un sentido, darle el permiso de existir, de expresar lo que le molesta, y este “algo” es increíblemente grande, porque es a partir de allí que uno sabe que puede “ser” aún que esté viviendo o experimentando algo incómodo.

Nos damos cuenta que a veces hablamos demasiado, queremos que nos escuchen, que entiendan nuestra manera de ver las cosas, y a veces no damos el tiempo para que la situación se acomode y se integre al entendimiento.

Sí, desde luego la tarea de escuchar no es fácil. Es un tremendo acto de humildad, porque requiere quitarnos todas nuestras proyecciones y estar preparado o preparada para conectar con aspectos nuestros mal resueltos en nuestra infancia, y si posible, podemos tomar el papel del adulto y adulta separándoles a nuestros hijos de estas posibles proyecciones y actuando como referencia para ellos cuando les hablamos de nuestras emociones, que puede que no sean las suyas…

Escuchar es ver, mirar, comprender la otra persona en lo que es o está viviendo en este momento. Y muchas veces se hace con el corazón y no con la mente…

PRESERVANDO LA AGRESIVIDAD por Maite Sánchez Pinuaga

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La agresividad natural está ligada a la vida. De hecho, no se podría vivir sin un mínimo de agresividad. Si nos remontamos a su etimología, el término proviene del latín agredior:“ir hacia”, que tiene que ver con salir y manifestarse en el mundo. Está estrechamente ligada también a la sexualidad, que representa la capacidad de expansión natural de los seres vivos, en su tendencia instintiva al placer. Visto así, se podría decir que un bebé necesita “agresividad” para poder mamar. El concepto de agresividad se opone, precisamente, al de miedo, que nos dispone a la contracción, a la inhibición de impulsos naturales, que son propios de todo ser vivo y de su encuentro con el mundo.

Desde Wilhelm Reich se abre un camino en la prevención de la psicopatología, considerando los momentos claves de la crianza y la educación en el ser humano como determinantes para el sano desarrollo de su vida y la calidad de sus relaciones. Si se impiden o dificultan continuamente los movimientos de libertad, de expresión emocional y motriz, limitando una y otra vez su manifestación con el mundo, se estarán sembrando semillas de violencia en la vida de las personas. La violencia institucionalizada de los partos hospitalarios; posteriormente, los horarios y normas rígidos que en nada respetan los ritmos en los que, de forma natural, se regula un niño-a, para todo: para comer, para dormir; la “no escucha” en respuesta a su llanto, que se traduce en negación de su necesidad y la “inhibición de la acción” de la que hablaba Henri Laborit.

Ya más mayores, cuando ya pueden contarnos qué les pasa y qué quieren, nuestros niños ven frustrados sus intentos de Ser y “Ser en relación” con el mundo desde sus necesidades reales. Es así que su “¡no!”, que es su “yo” que comienza a ser negado, al igual que su “¡mío!”, corre la misma suerte, con la imposición de una serie de elementos morales con frases que seguro hemos escuchado en muchas ocasiones, tales como: “tienes que compartir”. Es así como, poco a poco, se les impide experimentar sus propias opciones, invalidando su percepción. Ahí estamos interfiriendo y vaciándoles de sí mismos, desde, por ejemplo, el miedo a que el resto de las personas en lo social, consideren a la madre como una “mala madre”; la madre es más “aceptada” cuando consigue que su niña sea “buena” –aunque, en realidad, estaríamos hablando de su propia “niña interna”.

También se hace imprescindible diferenciar entre lo que es “agresividad” y “destructividad”. Precisamente si preservamos esa capacidad agresiva natural no se desarrolla la destructividad, que no es sino una vía inevitable cuando se inhibe la primera. La tensión que se crea a partir de esa inhibición, en cada movimiento natural expresivo, se canaliza de la peor manera, dañando como forma de vaciarse del daño sufrido. Tanto para abrazar como para decir “¡no!”, la agresividad es un movimiento hacia el encuentro, es un movimiento vital; si eso no es posible, me contraigo, mi biología, mi propio organismo esta contraído, y me adentro en una dinámica de angustia contraria al placer , desde la cual odio y destruyo. De ese modo, perdiendo el contacto con el verdadero placer, acaba por orientarse hacia placeres sustitutivos, como golpear, morder, obtener poder, derribar al otro…

Ahora bien, también la agresividad natural puede tener connotaciones de rabia en un momento dado, es decir, si algo contraría mi orden natural, si alguien invade mi territorio o sufro algún tipo de abuso, etc., puedo experimentar la necesidad de poner un límite claro y firme, si fuera preciso, incluso cargado de rabia o enfado. Esta emoción es una respuesta de regulación necesaria, cuando es posible dar paso al dialogo, en el que se crea un espacio para el bienestar, para el encuentro y para el amor.

En estos momentos está preocupando mucho el fenómeno de la violencia en las aulas y la reflexión esencial es, precisamente, que en esta “mochila emocional”, que trae cada niño y que lleva consigo a la escuela, encontramos las razones de dicha violencia, acoso y/o sumisión y temor. Y es que todos los conflictos que pueda haber a un nivel psicoafectivo en la infancia se manifiestan en las relaciones con otros niños, con los educadores, con el entorno, ya sea desde un problema de acoso, de sumisión, pasividad o absentismo escolar, como también de violencia explícita y clara, manifestación de esta disarmonía que se ha ido creando desde la no atención, la no escucha, la falta de reconocimiento y de libertad expresiva, la insatisfacción de sus necesidades básicas. Si el niño se siente “ser” y cuenta con un espacio en el mundo en el que expandirse y seguir ese mandato natural instintivo de placer y alegría de vivir, tenderá, naturalmente, a desarrollar lo mejor de sí mismo, a crear y disfrutar de establecer relaciones constructivas, cooperativas y armoniosas con el mundo en el que vive. Esto es simplemente así porque se trata de una cualidad del ser humano libre y autorregulado. Si la verdadera naturaleza, pues, no ha sido obstaculizada, la envidia y el odio que se vivencian con el sentimiento de” no existir” y de tener que ir abriéndose camino de una forma violenta, robando el poder personal del otro, simplemente, no tendrán lugar.

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Maite Sánchez Pinuaga
Psicóloga clínica, especialista en Terapia Psico-corporal (Reichiana). Coautora del libro
Ecología infantil y maduración humana. En la senda de Wilhelm Reich, junto con Xavier Serrano Hortelano.

Apuntes sobre psicomotricidad relacional, un abordaje emocional y corporal

 

Hablar de psicomotricidad no es tanto hablar de un programa de aptitudes, sino poder reflexionar sobre los aspectos que abarcan todo el proceso de desarrollo y que sea de la manera más armónica posible.

Y para que podamos acercarnos a una mayor posibilidad nuestra de poder acompañar y atender a los niños y niñas para que sean sujetos y no mero espectadores de su propio proceso, que sean activos en la construcción de sí mismos y que puedan acceder con placer a la conquista de su propia autonomía.

 Psicomotricidad se refiere a los aspectos psico =afectivo-emocional y motriz= cuerpo, que están íntimamente ligados, y que van a ir madurando desde lo biológico, sensoriomotriz, afectivo hacia el cognitivo.

 De la globalidad hacia la diferenciación, de la dependencia hacia la autonomía y de la impulsividad hacia la reflexión. Del actuar al pensar.

 Y hablar de psicomotricidad relacional, el propio nombre ya lo dice, es entender que uno aprende desde la vivencia, desde la relación con el otro.

 Uno construye la identidad humana desde la relación, desde los aspectos psico-afectivos, emocionales y físicos.

 Desde el nacimiento el bebé irá estructurando su personalidad, descubriendo y conquistando el mundo de los objetos y personas que le rodean por medio de los sentidos, percepciones, movimientos e intercambios con el medio.

 El primer año del bebé es un período donde asentarán sus bases fisiológicas y biológicas para el desarrollo del córtex.

Todo lo que crece después se hará en función de este período, de esta forma, son estas las bases que van a garantizar más o menos seguridad en su proceso de desarrollo.

 Es una etapa donde van a ir adquiriendo capacidades para coordinar su cuerpo para el movimiento y entonces intercambiarán con el entorno en función de su espontaneidad y curiosidad.

 Esta coordinación puede que se desarrolle antes o después, el resultado nada tiene que ver con las prisas.

Los primeros años, esta relación de sostén por parte del adulto va a ser el referente de toda nuestra base, nuestro mundo.

Sabemos que el ser humano cuando nace sobrevive gracias al cuerpo del otro. La imadurez biológica hace con que dependamos de nuestros cuidadores a nivel emocional y corporal.

En un primer momento tendríamos el tiempo del embarazo, donde el feto esta dentro del cuerpo de la madre, y, en un segundo momento sería el regazo, los brazos, el pecho, la mirada de la madre en la que se envuelve o se contiene el bebé.

Es un momento donde toda la comunicación se establece en el cuerpo, dado que es una etapa donde todo pasa por el cuerpo.

El lenguaje de comunicación es un lenguaje tónico-corporal, un lenguaje que va a intervenir directamente la mirada, la voz, el olor, y todas las sensaciones que llegan al cuerpo.

El cuerpo en esta etapa de la vida es un lugar único, donde se vive toda la sensibilidad, la afectividad, la emoción, la relación con uno mismo y la relación con el otro. Es el lugar donde se vive el placer, el deseo, la frustración, la angustia, es el lugar donde se registran todas las emociones vividas en relación al adulto, los cuidadores y el entorno.

Desta forma lo que se vive en el cuerpo servirá de base para sus futuras contrucciones mentales y racionales.

Desde su cuerpo entienden su espacio en el mundo y en la relación con los que están con él, se manifiestan y se expresan a través de su cuerpo.

Es a través de sus movimientos espontáneos, de su interés hacia su exploración que podrá construir su identidad, su raciocinio lógico. Es a través de su actuación e interacción con el mundo que le rodea podrá construir su forma de estar y pensar.

Por eso tienen tantas necesidades de moverse, de descubrir su espacio corporal, su entorno, probar nuevos retos, sentir cómo va del espacio conocido al espacio desconocido, es un ir y venir constante: del cuerpo de la madre que le sostiene hacia al espacio de su propio cuerpo relación al entorno. Y en estas experiencias disfruta, se frustra, siente como están sus cuidadores cuando le observa, siente sus logros y su sentimiento de seguridad hacia lo que hace, su satisfacción.

Descubre el placer, el control, sus límites reales y siente hasta dónde puede llegar.

Si observamos la actividad autónoma de un niño nos damos cuenta de la cantidad de gestos, posturas y movimientos que realiza en cada momento. Esto nos hace revisar nuestra manera de actuar con los niños, dado que fácilmente caemos en “hacer, y hacer” sin escuchar lo que necesitan de verdad. A veces nos cuesta esperar, darles el tiempo necesario y frenar una intervención precipitada.

Tiempo para la maduración orgánica

Es a través de sus movimientos espontáneos que los bebés y los niños van a ir madurando el sentido de equilibrio, que es vital para la postura, el movimiento, el sentido de “centro” en el espacio, el tiempo, la profundidad y uno mismo.

Necesitamos tiempo para la maduración orgánica y nerviosa – lo que llevan a los procesos cognitivos. Llevan de 7 a 8 años para desarrollar el mecanismo de equilibrio. Un niño hiperactivo por ejemplo da señales que todavía necesita desarrollarlo.

Si moción y sensación se integran se desarrolla plenamente las habilidades del habla, la escritura, etc.

Por medio de la conquista de sí mismo el niño hace entrada en la vida mental. De esta manera, si actúa desde su interior, va adquiriendo la unificación interior, lo que lleva a asimilar los factores externos (conocimientos, habilidades…) que van a ir formando parte de su interior, alcanzando la unificación total de su persona.

Nacemos con 2 ojos, dos oídos, 2 hemisferios cerebrales (derecho y izquierdo): los neurólogos llegan a decir que llegamos a nacer con dos hemisferios y que con el desarrollo neurofuncional llegamos a activar los dos hemisferios uniéndolos a través del cuerpo calloso, lo que lleva a desarrollar los aprendizajes más superiores como el lenguaje, escritura, matemáticas…)

Desplazarse no es solo gatear / caminar, es SEPARARSE. Es un proceso de separación y autonomía motora y emocional.

Si las actividades son realizadas con autonomía, no solamente cumplen con su propio programa del desarrollo de habilidades motrices, sensoriales y de orientación espacio-tiempo, sino también al continuo ejercicio de la voluntad propia, de la capacidad de elegir objetivos, de mantener un interés personal con concentración y duración, de vencer obstáculos, de manera que cada interacción sensorio-motriz van afirmando el equilibrio emocional de su personalidad.

La verticalidad es el dominio de sí mismo en el espacio. Con el dominio de si mismos tienen autonomía y estabilidad. In-cuerpo – in-corporado: tomar cuerpo.

SE MUEVEN DE ACUERDO CON SU PERCEPCIÓN INTERNA. Un niño que se cae constantemente no ha podido gestionar su percepción interna. En la intención psicomotriz están los deseos, los impulsos, las emociones.

 Entonces qué necesitan? Pues necesitan un entorno favorable para la libertad de movimiento y necesitan un adulto en relación.

La postura del adulto en relación

Que sea capaz de empatizar con sus necesidades, observando cómo sus emociones o ansiedades también pueden influenciar en su dinámica.

Que pueda permitir que sean expresión de todo lo que son como personas, dado que el social muchas veces exige lo que no podemos ser en determinados momentos: hay que ser buenos, hay que portar de tal manera…

Que facilite vivir su expresión, su limitación, su ritmo, su tiempo.

Que confíe en sus capacidades,

Que proporcione seguridad afectiva y sostén (que no les asfixien pero que les den el sentimiento de presencia y seguridad necesarios) que se sientan acompañados y no invadidos..

 ¿Si nos precipitamos/ anticipamos qué pasa?

¿Si les ponemos en una situación que no han llegado por ellos mismos, qué pasa?

Pues se observa que los niños que no han podido moverse por ellos mismos se quedan más limitado/as y por lo tanto dependen mas del adulto para “sacarles” de las situaciones. Se frustran y no confían en si mismos.

Al contrario los niño/as que han tenido su proceso respetado Se sienten aceptados como personas y conocen sus límites. Todos movimientos que hacen pueden deshacerlos.

Tienen una coordinación armónica y fluida, por lo tanto una capacidad de pensamiento más elástica y flexible

Armonía en la relación con los demás porque han podido apropiarse de sus espacios físicos y emocionales.

La gran dificultad que encontramos para que se den estos procesos es la falta de espacios en las casas. Esta falta de espacio acaba dificultando la conquista de momentos tranquilos, para desarrollar sus movimientos. Algunos niños de tumbados pasan a sentados y se ponen de pie sin gatear… Solemos estar en sillas, en sofás, y los niños quieren esta donde estamos los adultos. Sugerimos entonces que se pueda condicionar un lugar en la casa para que la familia pueda disfrutar del suelo, no un parque para los niños, sino que vivan sus movimientos en relación con el adulto. Y disfrutar con ellos y ellas, desde la observación y la escucha. Desde la seguridad que van ganando con sus propios movimientos hacia la vida…

Referencias bibliográficas: A. Lapierre, E. Pikler, B. Acouturier, Arantxa
Irastorza, Ramon Maduit.

Embarazo, crianza y emociones

En el embarazo bebé y mamá están unidos, desde una simbiosis. Bebé siente a su madre, sus latidos, sus emociones. Mamá siente a su bebé, hay una vinculación, una relación muy fuerte desde las sensaciones: a partir de la semana 12 todos los órganos sensoriales están formados, y mamá por su lado, se vuelve más sensible, más a flor de piel, parece que para ajustarse con este bebé y con esta relación que está creciendo dentro de ella.

Las mujeres se ablandan cuando están embarazadas, se vuelven olvidadizas, temperamentales y todo lo que es del mundo más racional se queda apartado, para que pueda desarrollar esta relación plenamente con su bebé, desde lo emocional, en resonancia con su bebé, así es de sabia la naturaleza!

Muchas mujeres piensan que deben evitar tener sentimientos negativos en el embarazo. Las mujeres que suelen tener alguna experiencia más negativa intentan apartar de sus pensamientos, pero no saben que este tipo de control es en vano, dado que todo lo que llega al bebé llega a nivel sensitivo y que no controlamos lo que le llega o no. Así que lo que más vale es que las mujeres se entreguen a lo que estén viviendo, que puedan hablar con alguien de sus angustias y sobretodo no dejar al bebé solo con todas emociones. De esta forma mientras vive sus angustias si está conectada con su bebé, este no sentirá solo con una sensación rara y desconocida, porque mientras su mamá esté conectada él sabrá que todo está bien, y sobretodo que no esté solo en todo eso…

Y no es distinto en el parto y en la crianza. A veces las mujeres sentimos que debemos controlar algunas emociones que no son muy bien venidas, como el miedo o la ansiedad, por ejemplo. ¡Pero desgraciadamente las emociones no se controlan! Las emociones más bien se elaboran o se integran, pero no podemos eliminarlas como si se tratara de un programa de ordenador… Solo de luchar contra ellas ya hemos perdido energía, ya hemos perdido el foco y la presencia… Y perder el foco y la presencia en un momento como el parto y la crianza puede ser un poco desafortunado…. Porque es lo que más necesitamos para poder seguir…

Lo que los bebés realmente necesitan es de unas madres reales, unas madres que estén de verdad, aunque su verdad en el momento no sea como ella hubiera deseado…

Lo que garantiza al bebé unas buenas bases para sus siguientes etapas es esta vinculación con su madre real. Necesita sentirla, oírla, olerla, saborearla, necesita tenerla cerca para tener la confirmación de que existe de verdad. Solo así, sintiendo lo que es concreto y palpable, podrá un día abstraer, podrá un día imaginar que si no está, volverá, porque un día estuvo.

Pero ¿cómo puede sentir una mamá que se está exigiendo a todo el momento ser quien no es? Pues sí, sería un arduo trabajo mantener y ser quien una es leyendo tantos libros y tantas teorías!!!!! Con tantos consejos de tantas personas distintas que invaden sus vidas sin más para decir lo que es bueno y lo que es malo para ella y para su bebé… Al fin una ya no se escucha a sí misma y busca incesantemente algo de fuera que le de una respuesta YA: algún manual, o algún método fácil y sencillo, con los pasos bien descritos… 

En estos años he aprendido que los niños necesitan nuestra referencia para ser y para estar en el mundo. Están todo el tiempo registrando el mundo a través de sus cuidadores y del mundo que les rodea. Aprendí que en su caminito hacia su autonomía necesitan vivir etapa por etapa para ir ganando en seguridad.

En un primer momento el campo de interés/necesidad de los bebés es el campo materno, luego cuando ya se van haciéndose más ellos, creando más su identidad, amplían la percepción y el interés/necesidad hacia los papás, (más bien hacia la función y rol del padre) y a los demás miembros de la familia y en un tercer momento, cuando ya tienen tres añitos más o menos, empiezan a entrar en el campo de la sociabilización.

Aunque lo que aprenden se ha ampliado hacia el mundo, todavía necesitan la referencia de sus m/papás, necesitan saber que hacen sus m/papás para cuidarse unos de los otros, para saber como comunicarse, como tener respeto hacia el otro y hacia uno mismo, como dar valor a las cosas de uno y del otro, a poder saber que los sentimientos tienen su valor, y un largo etc. Pero es verdad que muchas veces estamos tan absortos pensando en respetarlos a ellos que fácilmente nos olvidamos de respetarnos a nosotros como cuidadores.

Si no nos cuidamos es muy difícil que tengan estas referencias para poder delimitarse en la vida, y cuidarse a ellos mismos!

Juliana Vieira 2012