La escucha, un acto de humildad y apertura

La tarea de ser padres y madres nos lleva a algunas preocupaciones muy comprensibles en lo que se refiere a la educación de los hijos. Es un gran compromiso y una gran responsabilidad, desde luego acompañarlos en su crecimiento.

Lo que pasa es que en esta tarea, nos distraemos con algunas preocupaciones que no nos ayudan del todo a focar en lo que realmente importa para nuestros pequeños, que es el simple hecho de sentir que hay momentos de atención, presencia, disponibilidad, compreensión.

Tienen tanto que decirnos… Pero no nos dicen en nuestro lenguaje adulto, nos dicen con su cuerpo, con su voz, con su risa, con su llanto, con sus demandas, con su juego, con la manera de mirar, de cogernos, son infinitas formas de comunicar.

La carga de las preocupaciones pasan a ser una barrera a toda esta comunicación, a toda esta información que puede llegar a entrar en la comprensión.

La preocupación nos hace estar dónde no estamos en este momento de ahora, nos lleva a otro tiempo, a un tiempo que no llegó todavía. No nos ayudar a ver lo que realmente es.

Si me preocupo porque ahora sufre, qué me dice su sufrimiento, cómo repercute en mí, qué me hace sentir como la persona que le acompaña. Que necesita a partir de aquí. Juntos desde el sentir y la conexión podemos hacer algo /con este sufrimiento. Y hacer “algo” no quiere decir “algo” en concreto, hacer algo puede ser ubicarlo, darle un lugar, un sentido, darle el permiso de existir, de expresar lo que le molesta, y este “algo” es increíblemente grande, porque es a partir de allí que uno sabe que puede “ser” aún que esté viviendo o experimentando algo incómodo.

Nos damos cuenta que a veces hablamos demasiado, queremos que nos escuchen, que entiendan nuestra manera de ver las cosas, y a veces no damos el tiempo para que la situación se acomode y se integre al entendimiento.

Sí, desde luego la tarea de escuchar no es fácil. Es un tremendo acto de humildad, porque requiere quitarnos todas nuestras proyecciones y estar preparado o preparada para conectar con aspectos nuestros mal resueltos en nuestra infancia, y si posible, podemos tomar el papel del adulto y adulta separándoles a nuestros hijos de estas posibles proyecciones y actuando como referencia para ellos cuando les hablamos de nuestras emociones, que puede que no sean las suyas…

Escuchar es ver, mirar, comprender la otra persona en lo que es o está viviendo en este momento. Y muchas veces se hace con el corazón y no con la mente…

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Esta entrada fue publicada en crianza.

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