Cuando Hugo decidió nacer

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(ESCRITO PARA EL LIBRO Migjorn: Parir, nacer, crecer)

 

 

 

Era una noche de verano, Jose y yo ya habíamos pasado el día en la playa, hemos comido mariscos y por la tarde hemos decidido hacer un súper paseo caminando por Baixador de Vallvidriera y Les Planes. Había sido un día completo y para descansar, unas películas, entre ellas “El Principito”. Fue en el Principito cuando en un movimiento PUF: Aguas!!

 

Nos miramos a los ojos y nos hemos dicho: Ya empieza!!!

 

Una llamada a Migjorn y nos dijeron que esperáramos tranquilos y que intentáramos dormir. Mi corazón estaba a mil, solo pensaba ¿Cómo podré dormir con tanta emoción encima…? Jose me iba tranquilizando, pero ya sentía que ya quería venir Hugo. Más aguas! Empiezan las contracciones. Otra llamada, Montse Catalán nos dice para venir a Migjorn. Cogimos las cosas y fuimos tranquilamente en el coche con el cd de Rosa Zaragoza, miro las calles de Les Planes y pienso que cuando volvamos ya seremos tres!

 

Mi único miedo en el parto era que hubiera mucha gente pariendo cuando llegara nuestro momento y parece que basta tener un miedo para concretizar el pensamiento: En la casa habían muchas mujeres pariendo. No sabía dónde ponerme. Al final me puse en la terraza, mirando a Montserrat y gimiendo con cada vez más frecuencias. Montse nos lleva a su casa. Allí nos instalamos. Siento que todo iba muy rápido. Vamos a la bañera, en al casita de partos y allí estaban dos compañeras en proceso de dilatación. Llegar allí ha sido eterno, pues las contracciones eran muy seguidas y teníamos que ir parando: Montse Catalán y Jose me sostenían y cada vez que paraba les miraba y salían todos los tipos de emoción. Lloraba de alegría, de dolor, de expectación y de emociones que hoy mismo no sabría ponerles nombres. Me preparé para este momento pero ningún tipo de preparación nos hace tener la idea de lo que es abrirse para su bebé que está haciendo su camino. Es más fuerte de lo que una o uno se puede imaginar. Sabía que era Hugo el que hacía el camino y que yo solo tenía que abrirme y todo eso era muy poderoso. Era su ritmo, ya no era el mío y cada contracción me traía cada vez más cerca de mi hijo. Dolía, gritaba, abría, salían mis voces, salían miedos, salía algo de desesperación. No sabía más donde agarrarme.

 

Mooooontseeee”, gritaba… quería que estuviera a mi lado. Jose era una pieza fundamental, sabía que sin su fuerza no podría seguir. Estaba en el agua, pero ya sentía la necesidad de estar pisando tierra. Senté en a sillita de partos. Jose estaba detrás como una fortaleza, sosteniéndome, apoyándome, mucho más que físicamente, le sentía de verdad. Pero llegó el momento, aquél muy conocido en el cual solemos decir que ya no podemos más y fue allí cuando Montse me dice: “Es que ya has podido, Juliana. Hugo ya está aquí, tócale la cabecita”. Oh, tocaba la cabeza de Hugo, no me lo podía creer.

 

Llegó Ángels, y sentir su presencia ha sido muy reconfortante. Sentía que algo todavía no me dejaba abrir, Ángels muy acertadamente me miró a los ojos y dijo:” No tengas miedo, Juliana”, mirarle, abrir los ojos en este momento me ayudó a conectarme, y escucharle me ayudó a aceptar que tenía miedo. Todo eso fue como una “autorización” para terminar de abrirme.

 

Sentía la sonrisa en mi cara, los dolores ya no estaban, estaba el quemazón de su cabecita abriendo la vagina, pero esto ya lo vivía como alivio.

 

En unos segundos más ya tenía Hugo en mis brazos, que olor maravilloso!!!!! Que impresionante ver su carita, su aspecto y sentir su olor para mí ha sido algo que hasta hoy no quiero olvidar.

 

Enseguida se enganchó a la teta, que alegría, ya estaba cumpliendo mi función de mamá nutridora! Ver sus ojos abiertos mirándome me ha generado algo muy profundo, muy primitivo, que a veces intentar nombrarlo es complicado. Ya estábamos allí, empezando a crear un lazo de vínculo y de amor, siguiendo adelante el proceso de conocimiento y crecimientos recíprocos!!!! Jose detrás, mirando, sintiendo, apoyando, escuchando, atendiendo… gracias, Jose! Que importante es este calorcito a la espalda cuando estamos nutriendo, cuando estamos dando…

 

Hugo sigue naciendo en sus distintas etapas pues parece que cada etapa es salir otra vez al mundo, es afrontarse a los cambios. Y yo también, viviendo su crianza sigo abriéndome a estos procesos de tirarnos a lo desconocido, a crecer juntos, a conocer lo más intimo e escondido de mi misma que la relación a cada día desvela.

 

El nacimiento de Hugo nos hizo remover las tierras y las aguas subterráneas de la relación con migo misma y en la relación con Jose, por ello agradezco la paciencia que estos dos chicos tienen conmigo para que juntos podamos mirarnos y escucharnos con lo bueno y no tan bueno de estos momentos tan intensos.

 

Después de este día Migjorn ha cambiado para mí. Ha sido inevitable. La relación con Montse Catalán y Angels que siempre ha sido profesional en este momento se añadió un respeto profundo y una gran admiración. Siempre intuí que eran buenas pero después de estar en Migjorn como mamá pude sentir estar en el “otro lado” y entender la labor que tienen con las familias que acuden a esta casa, que hoy para mí es algo que pertenece a mi vida, a mi proyecto profesional. Gracias Montse y Ángels!

 

Dar a luz y nacer … La madre y el bebé en el mismo camino

 Articulo escrito para la revista “ser mâe” (Brasil, 2011)

la importancia de nacer
Si pudiéramos respetar estos primeros momentos de la vida en un ambiente cálido, relajado, donde la madre y el bebé pudieran tomar el tiempo necesario para cruzar este camino juntos, sin estrés, sería posible observar todas las condiciones necesarias para que el bebé todavía pudiera sentir el vínculo con su madre a través de sensaciones que acaban de ser despertadas a través de la piel, el olor, la vista, sintiendo esa sensación de formar parte de estos brazos y esta atmósfera que tanto conoce y que le devuelve toda la seguridad para existir.


Desde hace muchos años es conocido que las emociones y viviencias durante los períodos de gestación, nacimiento y en el puerperio dejan profundas marcas psicológicas que serán la base para desenvolvimiento de su personalidad y para las siguientes etapas de su vida. El momento del nacimiento es un momento crucial en la vida humana, ya que es un paso estrecho de la relación que tenía en el vientre de su madre, a un nuevo entorno que deben adaptarse a al través de la unión y el contacto con su seguro madre.


Si en este momento no hay interferencias que complique el parto y el bebé puede ser recibido de una manera amorosa y respetada, posiblemente tendrá registrada la sensación de bienestar y seguridad. De lo contrario, si recibido en un ambiente frío, manipulado, con el corte cordón umbilical de inmediato, la experiencia puede conducir a un estado de alerta, de contracción, de miedo, lo cual se recupera rápidamente al momento que se encuentre otra vez en los brazos de su madre. Teniendo en cuenta que si haya pasado por una experiencia de este tipo, siempre es tiempo de compensar en la atención de las vivencias posteriores el vínculo con el bebé.

El obstetra francés Michel Odent dice que la gran dificultad de las mujeres que dan a luz es el hecho de no sentirse cómodas en el ambiente que están: el ambiente frío y despersonalizado, no ayuda a la mujer a segregar oscitocina, conocida como la hormona del amor. Al contrario, segregan adrenalina, como consecuencia del estrés, el miedo y la falta de confianza en sus habilidades.


Asimismo, señala que las mujeres que dan a luz sin segregar esta hormona tienen más dificultades para vincularse inmediatamente con sus bebés, lo que conduce a la consecuencia de las dificultades con su lactancia materna. Es importante saberlo, porque de esta manera, si las condiciones del parto son estas, en el postparto se pondrá más atención, paciencia y tolerancia para compensar todos estos factores en la relación mamá-bebé..

 
Es importante decidir el parto que se desea, sentirse libres para eligir en casa, en el hospital, en una clínica particular, cualquier lugar es valido desde que sea una decisión de la pareja embarazada. También tener la posibilidad de encontrar la elasticidad cuando el proceso no va más allá de lo que se imaginaba o de lo que se idealizaba.


Tener en cuenta que el parto es un Proceso fisiológico e involuntario, por lo que no podemos controlar la situación. Las mujeres occidentales lo tenemos más difícil, estamos en una cultura donde el miedo es parte de nuestra vida, sexualmente estamos más reprimidas desde pequeñas, y abandonar la experiencia de la apertura puede resultar difícil (y dar a luz es una experiencia totalmente sexual). Nuestra mente puede desear, pero la memoria corporal no termina de posibilitar tal apertura. Por esta razón, tener en cuenta nuestras limitaciones es importante para hacer las paces con nuestro proceso y no sentirnos frustradas pensando que “no funcionó”. Que sea posible permitirnos la experiencia y saber que podemos llegar hasta adonde podemos llegar. Y compensar aquello que no ha podido ser, con presencia y tranquilidad, que al fin al cabo es lo que realmente importa.